Johana Guerrero – Narrativa y Presencia digital
Hace poco viví una experiencia con una medicina ancestral.
No para buscar algo afuera, sino para volver al cuerpo, a la raíz. Y desde ahí, resignificar.
Una de las comprensiones más profundas fue mirar de frente lo que este año llamé: «La pérdida».
Porque cuando algo se va, muchas veces lo que aparece no es solo tristeza.
Aparece la sensación de insuficiencia, de no merecimiento, incluso una vergüenza sutil que se instala en silencio.
Pero lo que atravesé no fue un fracaso.
Ni siquiera fue dolor.
Fue una iniciación.
La pérdida no fue el final de algo, fue una graduación.
Ese momento en el que la vida te examina antes de permitirte habitar una nueva identidad.
Lo que realmente experimenté fue el vacío.
Un vacío limpio, honesto.
Un espacio donde nada sobra y nada interfiere.
Vaciarse es parte del proceso.
Para soltar creencias, condicionamientos y emociones que ya cumplieron su función.
Cuando eliges un camino nuevo, el alma pide ligereza.
Y a veces, la verdadera transformación no empieza en lo que haces,
sino en todo lo que te permites dejar ir.
Ábrete a las nuevas posibilidades de expansión que llegan a tu vida
Joha